San Valentine inspira

Vivir en los USA es una gran experiencia, pero si además te apasiona el marketing, el diseño, o cualquier otra cosa que se sustente en las ideas, podríamos decir que whole field is oregano. Las inspiración está por todas partes, todo o casi todo, está pensado y diseñado. Las estrategias comerciales llegan hasta tal punto que todo el año está calendarizado como en el sueño de un director de marketing. Las tiendas se visten de Thanks Giving, Halloween, después de Navidad, Super Bowl, San Valentín, San Patricks, Pascua y así de un día para otro cambian regalos, ropa personalizada, decoración, juguetes, cd´s de música, postres temáticos, tarjetas de felicitación (impresionante mercado del que voy a hablaros), y un sinfín de cosas que invitan a vivir, y obviamente consumir,  estas fiestas de una forma totalmente personalizada.

Ciertamente los americanos son gente alegre, y todo lo que tocan lo convierten en show. Se toman las fiestas muy en serio, y les encantan los detalles y las “chorradas”. Desde el punto de vista creativo me encanta ver cómo bajan un mismo concepto hasta inventar decenas de productos para aumentar las ventas.

Ahora con la llegada de San Valentín todo está decorado con corazones, flores y cupidos, y en los centros comerciales puedes encontrar todo tipo de detalles. Como curiosidad y ejemplo de cómo hacer más universal la fiesta, y el negocio, en USA San Valentín no es exclusivo de enamorados. En los colegios los niños llevan un detalle a sus compañeros y maestros, los maestros regalan algo a los niños, los hijos a los padres y viceversa, y en definitiva cualquier tipo de amor puede ser celebrado. Y por supuesto todas las tiendas tienen detalles pensados para cada tipo de público.

Para que lo veáis más claro y podáis encontrar algo de inspiración, aquí os dejo algunas imágenes y vídeos del mercado de las tarjetas de felicitación, que sin entrar a valorar lo elegante, kitsch u hortera, creo que utilizan recursos interesantes, materiales diferentes y una excelente producción. Muy inspirador para todos aquellos que trabajen en eventos, marketing directo o sean unos locos del scratch booking.

Si tuvierais que elegir una ¿cuál te gustaría que te regalasen?

21

Dinosaur

18

Queen!

20

Heart

8

Arrows

23

Cupcake

2

Wood

4

Papers

3

Cookies

16

Diamonds

26

Play Machine

24

R2 D Love

28

Star Love

29

Star Love inside

30

Star love detail

19

Fabulous

1

Lego!

22

Sweet

15

Jewels

31

Birds

10

Mom!

11

Mom inside

12

Dad

13

Dad inside

 

Y aquí algunos vídeos de tarjetas con sonido…

 

 

Y bonus track, tarjetas para regalar en el cole:

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Tarjetas con gifting

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Tarjetas con brazaletes

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Nacho Vegas: “malditismo” vs activismo.

Una luna espectral sobre el Manzanares y una cola infinita bordeando los aledaños de La Riviera hacían sospechar que aquella noche sería diferente. La escena en sí misma parecía una canción del propio Vegas.

Luna sobre el Manzanares ©El Viandante herido

Luna sobre el Manzanares ©El Viandante Herido

Y ocurrió así: un muchacho de Gijón bajó hasta Madrid para resolver unos asuntos pendientes acompañado de un gran coro. Volvían gloriosos de Barcelona tras realizar un épico “troleo” a la banca en apoyo a la PAH, y ahora tocaba cambiar de escenario para seguir reivindicando los mismos asuntos.

La sala estaba llena a rebosar, y al subir al escenario Nacho se encontró con un público muy inusual por sus más de quince años de trayectoria, pero muy a la medida de sus últimos cuatro. Y es que desde que publicara “Cómo hacer crac” inspirado en el movimiento del 15-M, las bases de sus fans se han ido regenerando como la sangre de Mike Jagger.

Allí, frente a las nuevas generaciones “Veguianas”, Nacho dio rienda suelta a su repertorio más reivindicativo. La “Canción para la PAH” en compañía del coro Al altu la lleva, fue el motor de arranque que consiguió encender las turbinas del respetable. Tras ella llegaron uno tras otro los principales temas de “Resituación” y “Canciones Populistas”, y por momentos el evento se asemejó más un más un mitin que a un concierto. Y Nacho se gustaba.

Nacho Vegas ©El Viandante Herido.

Nacho Vegas ©El Viandante Herido.

¿Y gustaba? Pues probablemente gustaba más entre los fans de los últimos cuatro años, y algo menos entre los que llevamos los tres últimos lustros siguiéndole el rastro y no nos esperábamos un alegato político en clave musical. Y es que, por resumirlo en una línea Nacho dejó de lado su habitual “malditismo” para sacar brillo a su activismo. De esta manera, acostumbrados a ver a Nacho parapetado detrás de una guitarra, resultó muy llamativo verle libre de la misma y arropado por las voces de un coro, que a decir verdad engrandecieron el concierto, sobre todo durante las tonadas más populares.

La intervención de Fee Reega para cantar “Mi novio es bobo”, resultó uno de los momentos más festivos de la noche. Pero junto a la fiesta pasaban los minutos, y los fans del Vegas más introspectivo empezábamos a echar en falta la seriedad, su magnitud trágica y atrayente, su silencio y ceremonia. Nunca podré olvidar un concierto en la Sala Galileo en el que Nacho dejó de tocar la guitarra para recitar la letra de “El Salitre”. Christina Rosenvinge, que se encontraba en la sala, se quedaría tan impactada como el resto, y a buen seguro que aquél fue uno de los momentos en los que le llegó al menos la mitad de aquél flechazo.

La noche continuaba con alegatos, y una inesperada y meridional interpretación del tema “Déjame vivir con alegría” de Vainica Doble, nos trajo al recuerdo el reciente fallecimiento del último cincuenta por ciento del grupo, Gloria Van Aerssen. 

Musicalmente vimos a un Nacho seguro, mostrando cada vez más tablas sobre el escenario y mejores dotes interpretativas. Y aunque a mi modo de ver el concierto no llegó a generar el clima esperado, (o mejor dicho el que yo me esperaba) y no hubo “Ocho y Medio”, ni “El Salitre”, ni “En la sed mortal”, ni “Por la paz y la canción”, ni tantos otros “nis” que añadir a la lista, la intensidad de Abraham Boba, Manu Molina y los demás miembros de la banda consiguieron dejarnos algunos momentos memorables. Como ejemplos cabe destacar las interpretaciones de “Gang Bang”, “Nuevos planes e idénticas estrategias”, “La gran broma final” y “Taberneros” que consiguieron equilibrar, siquiera, un poquito la balanza.

Para confirmar el tono festivo de la velada, como colofón asistimos a una interpretación de “El hombre que casi conoció a Michi Panero” cantado a coro y con un Nacho “megafonenado” como un descosido.

Estaba contento, y aunque suene a contradicción y me esperase otro tipo de concierto, la verdad es que me alegro. Me alegro porque al margen de cuestiones políticas, cuando uno intenta poner su energía al servicio de otros su corazón se ensancha. Y por otro lado, porque en algunas ocasiones hemos llegado a ver a un Nachín tan lúgubre y bajo de ánimo que parecía que iba a tener que salir un técnico del equipo a recogerlo con una escoba. Así que Nacho, desde este Viandante Herido nos alegramos profundamente de por fin te haya llegado un poco de sol, siempre es preferible vivir con alegría.

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Subido en un DeLorean

Si hoy, 21 de octubre de 2015, me cruzara con el DeLorean de Marty McFly probablemente aceptaría volver con él al pasado, pero sólo por un día.

Me despertaría con 8 años, en la casa de mis padres el 26 de octubre de 1985. Sabría muchas cosas, pero no diría nada. Me limitaría a contemplar, a mirar con inmenso cariño y agradecimiento cada gesto, cada palabra y a disfrutar de todo lo que me rodea y sobre todo de los que ya no me rodean.

timetravel

Habrá cosas que no me gusten, pero estaré por encima del tiempo y no les prestaré ni un segundo de atención. Sabré que en menos de dos años tendré un nuevo hermano, iré al cole sin miedo a las fracciones porque un día seré licenciado. Sabré quiénes serán mis grandes amigos, mi mujer y mis hijos, las crisis y pruebas que vendrán, a quiénes perderé… pero todo eso no me preocupará, porque ya es el pasado. Contemplaré el tiempo desde otra perspectiva, estaré por encima de lo superfluo, y sólo prestaré atención a lo realmente importante.

En el caso de poder tener una conversación conmigo mismo, me diré que no me consienta tener miedo al futuro, que sólo tenemos el presente, que cada día es un gran regalo y que me aplique una máxima que practicaba Gregorio Marañón, quien decía que cada vez que hablaba con una persona le prestaba toda su atención pensando que quien tenía delante en ese momento era lo único que existía en el universo. También me diría que las mejores herramientas para ser feliz no son la competitividad, ni el saber, sino el entusiasmo y la capacidad de asombro.

Y si por fin me decidiera a abrir el pico con la gente a la que quiero, y también con la que me gustaba menos (porque cuando vienes del futuro ya no hay rencor), no les diría que apostaran todo a que un tal Iniesta marcará un gol en el minuto 114 de la final del Mundial de 2010, sino que apostaran todo a no tener miedo, a vivir con alegría, a hacer cosas por los demás y a disfrutar cada instante como si fuera único, porque cuando lo recuerdas desde el futuro te das cuenta de que así ha sido.

Todo esto haría si Marty McFly me llevará al pasado, pero siendo sincero, he de reconocer que si mi yo de dentro de 30 años viniera a contarme todas estas monsergas hoy, probablemente pensaría que es un chiflado y seguiría viviendo con miedo.

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Historias pegajosas

Es cierto que el exceso de sentimentalismo en el cine y en la publicidad dan pudor, pero admitámoslo: ¿a quién no le apetece de vez en cuando una pequeña dosis de ñoñería?

Vamos, que aunque nunca lo reconozcamos en distancias cortas, a todos se nos hizo un nudito en el estómago y se nos nubló un “poquito” la vista cuando Antonio el del bar le guardó el décimo de lotería al “loser” de su vecino.

Pues he aquí otra pequeña gran historia, basada en algo mucho más intrascendente y cotidiano, unos envoltorios de chicles. Lo que más me gusta de este spot son dos cosas: la primera, que consigue sacar petróleo de algo aparentemente insignificante y convertirlo en el vehículo de una historia pegajosa, que aunque no quieras se te engancha a la suela del zapato y tienes que rascar para quitártela de encima. La segunda, que la pedida de mano que representa es casi calcada a la de unos grandes amigos, en la que el novio expuso por sorpresa a la novia los hitos más importantes de su vida (de la novia) en fotografías a gran formato. Al llegar al tiempo presente, él la esperaba con el anillo.

Que vivan los novios, y las grandes historias.

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El gran truco de Los Planetas

Nunca me han gustado las crónicas inmediatas, esas que se suben en Twitter a las dos horas de acabar un concierto, y mucho menos si el espectáculo requiere un tiempo de reposo. Así que, siguiendo el lema de cabecera del nuevo blog de mi amigo @CarballodeTroya, “para disfrutar hay que profundizar”, intentaré describiros todo lo que recuperé después de la resaca. En Madrid ya había ganas de Planetas, y eso se palpaba en el ambiente.

Que el concierto fuera en una sala pequeña, que las entradas se agotasen en apenas unas horas y que no confirmasen nueva fecha en la ciudad, vaticinaba una noche inolvidable. Los bares y aledaños siempre son el mejor termómetro. La gente estaba contenta, las charlas eran animadas y los fofisanos lucían sus camisetas “Pop” y “Súper 8” algo descoloridas por el paso de los años pero manteniendo el brillo en sus miradas. Y es que cuando un grupo ha marcado gran parte de tu vida siempre esperas más. Da igual que los hayas visto más de veinte veces en directo, incluso que la mitad de ellas hayan sido prescindibles (aunque no te las habrías perdido por nada del mundo) porque si eres de Los Planetas estás condenado a entenderlos.

Ya dentro de la sala, la elección de Pájaro Jack como teloneros resultó muy inspiradora, y los densos graznidos de los granadinos despertaron mi interés por seguir descubriéndolos. Los Planetas salieron a escena con un canto morisco de fondo con el que parecían congregar a todos sus fieles, y el concierto comenzó con “Los Poetas” en lo que perecía una especie de reafirmación del camino que emprendieron hace unos años. Jota compartió su preferencia por tocar en una sala pequeña cerca de los auténticos fans, y pisó a fondo el acelerador al dedicar “Ya no me asomo a la reja” al maestro Morente. Desde ese momento la conexión con el público fue total, el sonido era bastante bueno y, una vez subsanados unos pequeños fallos del micro, la cosa comenzó a rodar imparable. Sonaron grandes temas como “Señora de las Alturas” y “Corrientes circulares”, que darían paso a uno de los grandes momentos de la noche, un “Santos que yo te pinté” al que el mismo Jota no tuvo reparos en identificar como una de sus canciones favoritas en una reciente presentación en Matadero.

La lata ya estaba abierta. La emoción alcanzó cotas insostenibles con un “Toxicosmos” que nos puso los pelos de punta y coreamos a corazón abierto rezando para que el motor de aquél viejo autobús no se detuviese nunca. Pero un estudiado cambio de luces conseguiría sacarnos del trance, envolviendo el escenario en tonos cálidos para regalarnos un “Rey Sombra” que siempre me recordará a eternas tardes de calor y verano, escuchando (y descifrando) aquél misterio fascinante llamado Súper 8 que sonaba en bucle en un cassette. Y es que cada canción de Los Planetas es como un pequeño mapa emocional que te remite a uno o varios momentos concretos en un intenso viaje por miles de recuerdos difíciles de olvidar. “Ese viaje que hicimos, no lo voy a poder olvidar”.

La acompañante más guapa del mundo coreaba conmigo “Nunca me entero de nada”, nos dejamos llevar por el ritmo de “Devuélveme la pasta”, la locura en “Pesadilla en el parque de atracciones” y cuando sonaban los temas de sus discos más flamencos me decía: “hoy están muy planeteros”. Y era totalmente cierto, ya que del mismo modo que el principio del concierto prometía densidad con “Los Poetas”, la elección de temas como “Señora de las Alturas”, “Si me diste la espalda”, o “Reunión en la cumbre” se recibían como intencionados guiños a su ADN original, a aquella senda en la que nacieron y que nunca dejaron del todo. Y es en este juego de engranajes donde se mueve su nueva propuesta, de la que pudimos disfrutar de “El duendecillo verde”, que para mi sorpresa toda la sala coreó al unísono, elevándola a la categoría de himno en tiempo récord. Había ganas de Planetas. Yo sólo pude mover los labios a lo “Monchito” y alegrarme de que estos Planetas sigan atrayendo tanta emoción hacia sus órbitas.

Después de hora y media de concierto, era tiempo de bises y lancé un deseo al aire: “De viaje, Un Buen Día, La Guerra de las Galaxias y La Copa de Europa”. Un fan allegado se giró y me dijo: “Eso estaría de pm, pero te falta Mi hermana Pequeña”. Tras el “friki-compadreo” caímos en la cuenta de que la grandeza de un grupo se materializa cuando ostenta tantos temazos que no caben ni en cuatro horas de concierto. Finalmente no hubo Copa de Europa, (ni Artista Madridista), quién sabe si por deferencia de un Jota bastante culé hacia un respetable probablemente blanco y eliminado de la Champions. Tampoco “De viaje”, ni “La Guerra”, pero sí “Un buen día” (con espectacular redoble de Eric en su parte favorita), “Alegrías del incendio” y un “Segundo Premio” catártico que apagó todos los fuegos. Para finalizar otro tema nuevo “Espíritu Olímpico” y un Jota agradecido al público que anunció despedirse con “un truco de magia”. Fue entonces cuando el broche lumínico de “David y Claudia” nos devolvió al “Pop”, un álbum que nunca terminaremos de valorar lo suficiente y que sigue creciendo con el paso de los años. Todos cruzábamos los dedos, confiando en otra vuelta al ruedo, pero la música de ambiente comenzó a sonar y las luces se encendieron. La gente estaba emocionada, sus rostros les delataban, algunos casi casi hasta las lágrimas. Después de 20 años, aquél fantástico truco de magia llamado Los Planetas seguía funcionando.

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Marketing “Croquetero”. Todo lo que las marcas deberían aprender de las croquetas de tu madre.

Ilustración de Isabel López.

Ilustración de Isabel López.

Si existiera como marca personal registrada, “Las croquetas de mi madre” sería la firma con más seguidores, adeptos, prescriptores y compradores en todo el planeta. ¿Cuáles son los secretos de su éxito? Sólo algunas grandes marcas consiguen aproximarse a su receta.

1. Sabor familiar

Las croquetas de tu madre ™ te gustan porque las descubriste en un entorno familiar y conoces las amorosas manos que las preparan. En marketing, el ambiente familiar podríamos identificarlo con aquellas marcas de siempre, esas que teníamos en casa y no podemos imaginar que faltaran, porque ya forman parte de nuestras vidas. Eso explicaría que algunos sean más de Cola Cao que de Nesquick, o que el jabón Lagarto que utilizaba tu abuela no tenga competencia.

2. Repetición

Has comido tantas veces Las croquetas de tu madre ™ que tu paladar se ha acostumbrado a ellas, tanto que sólo podrías dejar de valorarlas si estuvieras una larga temporada sin comerlas y probando otras croquetas diferentes. Aún así, el recuerdo emocional de tu madre siempre pesaría, pero siento decirte que objetivamente hay croquetas mejores que las suyas, lo que pasa es que posiblemente no sepas valorarlas. Este habito de repetición también explicaría porqué hay usuarios de PC que jamás cambiarían a Mac (y a la inversa), o la incapacidad de ser infiel a la marca de un coche que te acompañó durante 15 años de tu vida.

3. Recuerdos

Has asistido a muchos festivales “croqueteros” de tu madre, y la mayoría de ellos se han celebrado en ambientes relajados y festivos. Seguro que también hubo algún empacho, e incluso tentativas de descalabro entre primos enfrentados en la mesa, pero casi la totalidad de tus recuerdos asociados a la marca Las croquetas de tu madre ™ tienen sabor de hogar, (del color ya se encargaban otros).

Mediante esta reflexión descubrimos la importancia de crear experiencias de marca, eventos o actividades agradables para tus consumidores. Si consigues que tu marca se cuele en las aficiones y momentos de disfrute de tu público les acabarán encantando tus croquetas.

4. Fundamentalismo

A estas alturas de la película, Las croquetas de tu madre ™ y tú habéis desarrollado un vínculo emocional tan fuerte que ni el mismísimo Alberto Chicote tiene bemoles a sacarles una pega. Da igual lo que ocurra, Las croquetas de tu madre ™ siempre tienen disculpa. Si están quemadas les “rascas” un poquito “lo quemao”, si están ardiendo te escaladas la lengua con gusto, y si están frías les encuentras “su puntito”. Licencias que jamás consentirías a otras croquetas que, sólo por el hecho de no ser las de tu madre, pasan directamente a la categoría de Croquetas de medio pelo™.

Está claro que este último punto, más que una causa es el resultado deseable para cualquier marca, y aunque pueda parecer utópico, cada día nos encontrarnos usuarios que le perdonan a su Mac lo que jamás perdonarían a un PC, o consumidores que visten con orgullo una gran horterada diseñada por un modisto de renombre que les provocaría una alergia tan sólo ver de lejos en el escaparate del Primark. Cierto es que el secreto del éxito no es del todo medible, y que existen otras muchas variables incontrolables, pero Las croquetas de tu madre ™ nos ponen sobre la pista.

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La otra carta. El spot viral de Ikea que contagia un gran mensaje.

Cada año, con la llegada de la Navidad miles de guionistas, productores, creativos y humoristas viven la misma tragedia: ¿podré contar algo nuevo? ¿hay vida más allá del espumillón y el muñeco de nieve? ¿puedes ayudarme pequeño abeto? No, no soy capaz… estoy delirando. Hace frío, no tengo Frenadol y me siento muy solo en este Rockefeller Center. Por favor, que no enciendan las luces… aún no tengo nada digno. Y entonces llega Ikea y nos funde los plomos, mostrándonos el blanco manto de lo inexplorado. Cuando parece que no hay nada nuevo bajo la nieve “sólo” hay que pensar más. Aunque para ello hay que coger la pala y cavar, cavar y cavar mucho, o poco, depende del talento. Pero la buena noticia es que cavando y cavilando, se encuentra.

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