Bad News: las agencias de calificación existen.

Nos encanta mover ficha

“Nos encanta mover ficha”

Sí amigos, teníamos la esperanza de que fueran una leyenda urbana pero son más reales que el perrito goloso de Ricky Martin, y uno puede encontrárselas a la vuelta de la esquina.

Si ING tiene que crear oficinas físicas para evitar desconfianza… ¿no deberían las agencias de calificación eliminar las suyas para generar confianza?

Os aseguro que un susto así no te lo quita ni un sol y sombra ni un chocolate con churros, a ver si remonto el día.

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Simiocracia

Advertencia: este post incurre en tres de los grandes errores que cualquier blog debe evitar para optimizar su posicionamiento.

1. No crea contenido
2. Redifunde sin aportar nada al respecto (ni me he currado el título)
3. Llega tarde

Pero como les escribe un Viandante Herido y no Martin Varsavsky, me limito a endosarles esta particular y genial visión de la crisis, recomendándoles su visionado y la lectura de la entrada de mi amigo Ibán con otras recomendaciones (caer en no desvelar las fuentes ya sería el acabose), de las que he rescatado esta información posiblemente ya desactualizada.

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Menos es más

Los recortes no siempre son malos, bien aplicados pueden fomentar la creatividad. Y como muestra no os voy a dejar un botón, sino un buen puñado de ellos, que es apenas lo que ha quedado en esta genial exposición de producto de la firma de moda holandesa Scotch & Soda.

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A salto de mata

Probablemente mientras lees estas líneas tienes dos o tres tareas pendientes que te están empujando a aligerar tu lectura. Probablemente estarás pensando en echar un vistazo al periódico, consultar el tiempo, o en leer otro blog más interesante (una alerta muy razonable).

También es probable que una recóndita luz de tu cerebro te recuerde que tienes un par de comentarios pendientes en Facebook o que en Twitter te lo estás perdiendo todo.

Hay un mail de un amigo que todavía ni has leído. Probablemente, cuando des el siguiente paso en la red tampoco te detengas demasiado en tu próximo destino, porque otras tres alertas estarán reclamando su turno. Probablemente no acabes nunca de leer esta entrada.

Así nos movemos por la red, en busca de un vistazo superficial que sacia instantáneamente nuestro apetito, nos hipervincula sucesivamente hacia otro, y que puede llevarnos a caer en un lamentable: ¿y ahora qué busco?

Esta mañana, leyendo en La Posada del Sol de Medianoche el post “Aldeanos del instante” ha venido a mi memoria esta reflexión, que compartí hace poco en una sobremesa con dos buenos amigos, de esos que son como de la familia. Y como ahora las sobremesas también están conectadas, acabamos viendo un spot en Youtube que refleja de forma certera el problema de la hiperconectividad.

Tiene gracia que lo diga una empresa de Telecomunicaciones, pero la autocrítica es una gran muestra de madurez dentro de la comunicación comercial, y de la personal, por la parte que nos toca.

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Lo inmediatamente rentable y lo estratégicamente correcto

A veces, como viandantes nos vemos obligados a parar y reflexionar para tomar la decisión adecuada. Aquí os dejo un artículo sobre un juego de ingenio que puede ayudarnos a abrir la mente en nuestras estrategias de comunicación, tanto personales, como profesionales.

Hace unos días un buen amigo me planteó un interesante dilema que bien puede servir para ilustrar la importancia de la visión estratégica en los negocios. Antes de compartirlo, puntualizaré que se trata de una situación irreal, y que no vale hacer preguntas más absurdas que la propia historia, ya que es uno de esos juegos en los que quien lanza el reto puede abrigarse con ese poderoso mantra que reza: «El juego es mío y se juega como yo digo».

Nuestra conversación se desarrolló más o menos así:

—Imagina —me dijo— que vas conduciendo un coche de dos plazas a las cuatro de la madrugada por una zona periférica de una gran ciudad.

—¿Solo o acompañado? —pregunté.

—Completamente solo. De repente, al pasar junto a una marquesina de autobús, ves a tres personas que parecen tener problemas. Detienes el coche y resulta que son una mujer increíble, que nada más verla sabes que es la mujer de tu vida, tu mejor amigo, al que hace algún tiempo que no ves, y una venerable anciana de unos 87 años.

—¿Y qué? —pregunté esperando llegar al centro del dilema.

—¿Pues tú qué crees? Que están esperando el autobús y a esas horas ya no pasa. Así que tienes una gran oportunidad de cerrar con honor el día rescatando a unos náufragos nocturnos y, sobre todo, de poder ligarte a la chica. El problema es que solo puedes hacer un viaje y en tu coche no caben más de dos personas… ¡y no vale hacer trampas! —dijo sonriendo tras descargar sus cláusulas.

—Pensemos, pensemos…. —me dije, entregado ya por completo a un monólogo interior que no tardé en interrumpir con lo que me pareció una luz brillante:

—¡Puedo pedir un taxi!

—No, no hay —dijo mi amigo, sorprendentemente seguro.

—¿Cómo que no, si es una gran ciudad? —insistí… aunque con decreciente convicción al intuir su respuesta.

—El juego es mío —sentenció.

—Bueno, pues nos apretamos los cuatro —peleé.

—Solo pueden ir dos —sonrió de nuevo.

—Vale, vale, déjame pensar un rato… —susurré.

Hasta aquí el planteamiento del dilema. Ahora es cuando podéis darle vueltas al tarro, en voz alta, baja o en off, cada uno a su gusto… ¿Ya? ¿Otra vuelta de tuerca? ¿Os rendís?…

Al parecer, solo existe un camino lógico para ligarse a la chica. Pero, como en todos los problemas, siempre pueden abrirse vías más retorcidas, imaginativas o experimentales que pueden brindarnos excelentes resultados.

Según convinimos, parece que lo más inteligente (y aquí es donde podréis comprobar si habéis ganado el gallifante) es encomendar a tu amigo la intrépida misión de llevar a casa a la viejecita con tu coche y quedarte tú con la chica bajo la marquesina, afrontando alegremente la perspectiva de pasar la noche al raso… (y a su lado el resto de tu vida).

No cabe duda de que si nuestro objetivo es ligar esa noche, esta maniobra resultará la más inmediatamente rentable, dependiendo de la pericia de cada uno, de la conjunción más o menos favorable de los astros, etc. Pero…¿es la estratégicamente correcta?

No convencido del todo, seguí dando vueltas a este pensamiento, y bajo la cálida compañía de la presión con la que afrontamos a diario los problemas de nuestras marcas y clientes, conseguí dar con una posible solución que desconcertó a mi interlocutor (aunque supo disimularlo).

—¿Y si le digo a la mujer de mi vida que lo más razonable es que se encargue ella de llevar a la ancianita a su casa con mi coche y yo me quedo con mi amigo? —planteé.

—¡Ja, ja, ja, ja, ja, jaaaa!, ¿y qué ganas con eso? —se mofó.

—De momento nada, pero quedo como un caballero y al día siguiente tengo que ir a recoger mi coche… Así que la chica me dará su teléfono. ¿No te parece una plataforma más sólida para el cortejo? —aventuré.

—¡Ja, ja, ja! —rió de nuevo, aunque con menor énfasis.

Hasta aquí puedo leer. Es indiscutible que la primera maniobra es pan para hoy, pero quién sabe si la segunda, bien ejecutada, también puede serlo para mañana. Evidentemente el éxito de cualquiera de ellas vendrá marcado por unos códigos de lenguaje adecuados y una puesta en escena creativa, pero el enfoque estratégico puede cambiarlo todo.

Muchas veces en comunicación, como en la propia vida, nos ocurre que presionados por la necesidad de alcanzar resultados inmediatos perdemos perspectiva y ocasiones de construir sobre estrategias más sólidas y fructíferas. Es la diferencia entre lo inmediatamente rentable y lo estratégicamente correcto.

Ahora bien, como afortunadamente esto no son matemáticas, el dilema estará siempre abierto, y seguiremos devanándonos los sesos, sobre todo en época de crisis, para conseguir que lo estratégicamente correcto resulte, además, inmediatamente rentable.

¡Suerte con los cortejos!

Artículo publicado a este herido viandante en el Nº 213 de la revista Estrategias, enero de 2012.

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Salta a la pista

Este año ha empezado en enero, como todos, y eso no podemos cambiarlo. Además, este año ha comenzado con malas sensaciones, como los pasados, pero eso sí que podemos cambiarlo.

Después de procrastinar el comienzo de año en este Viandante Herido he decidido comenzarlo casi en febrero, como en un acto de rebeldía contra los buenos propósitos, lanzando un mensaje de optimismo, una mirada nueva que nos empuje a levantarnos del sillón creyendo que es posible alcanzar lo que queremos.

Y para levantaros el ánimo de verdad, os invito a subir el sonido de vuestro equipo y disfrutar de este tema de La Casa Azul, pieza de apertura de “La Polinesia Meridional”, que como dirían los Chanante “no te dice ná y te lo dice tó”. Un canto de supervivencia y rebeldía del niño que llevamos dentro, dirigido a salvaguardar esa mirada que nos hace soñar y que nadie puede robarnos.

Salta a la pista y haz que tiemblen los tabiques. Tienes mucho talento como para creerte todas las mentiras que nos cuentan a diario.

Letra

Ya no les queda nada,
les quitaron todo atisbo de color,
les robaron las palabras,
les hundieron bajo el agua,
destrozaron su talento arrollador.

Lo que no imaginaban,
es que alguno conservara el corazón,
los trocitos de asteroides pequeños escapan del Hubble mi amor…

Los chicos hoy saltarán a la pista
y arrasarán porque ya no tienen miedo a gritar,
como si fuera el último día,
como si el Golden Torch hoy fuera a resucitar,
ya no se van a agachar,
ya no les pueden parar…
hoy los tabiques se empiezan a tambalear,
se van a desplomar… ¡sí!

No quieren más lamentos,
ya no creen en un final prometedor,
les da igual que pase el tiempo,
sólo quieren el momento,
se olvidaron del futuro aterrador.

Ya no les interesan
las apuestas a caballo ganador,
hoy prefieren no jugar a ganar
arriesgando lo pasan mucho mejor.

Los chicos hoy saltarán a la pista
y arrasarán porque ya no tienen miedo a gritar,
como si fuera el último día,
como si el Golden Torch hoy fuera a resucitar,
ya no se van a agachar,
ya no les pueden parar…
hoy los tabiques se empiezan a tambalear,
se van a desplomar… ¡sí!

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¿31-12?

Por un nuevo año más cálido y humano, en el que los
viandantes no sean heridos por ladrillazos, bancos,
ni políticos. Solo por la belleza.

Con viento del este hiciste una cama,
soplaste sobre ella para templarla
y con el murmullo de tu voz de agua
me cantabas nanas sin letra.

Y dormíamos tan juntos que amanecíamos siameses,
y medíamos el tiempo en latidos.
Y en tus dedos yo tocaba mis canciones,
dedos de teclas de celesta.

Y tu pulso tamborileaba en mis sienes y muñecas
como diminutas patas de ciempiés,
y nos repartíamos los labios y los dientes y el hipo
y del alfabeto las impares.

Y en tus dedos yo tocaba mis canciones,
dedos de teclas de celesta.

Y en tus dedos yo tocaba mis canciones,
dedos de teclas de celesta.

“Diecinueve” Maga.

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